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Gianeth Szpunar

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"Solo son prósperos quienes no quieren más de lo que tienen"
Erich Fromm

Soy Gianeth, copropietaria del criadero Albakiara y directora del plan de cría del pastor blanco suizo en el criadero. 

Además del cuidado diario de los perros que llevo adelante con Alan, mi tarea principal es la de atender a los cachorros: desde el nacimiento con el parto y la estimulación temprana, pasando por las primeras papillas, la higiene, las desparasitaciones, las vacunas y el trato con los veterinarios. También los educo, los observo, llevo un registro de esas observaciones y después en base a eso ayudo a los futuros tutores a elegir el cachorro con mejores aptitudes para su hogar. 
Soy la "fotógrafa" oficial, la peluquera, la administradora y la persona que hace el seguimiento del crecimiento de todos nuestros cachorros durante toda su vida.  

 

Los invito a conocer mi historia con este fantástico animal, el perro. 

 

 


Esta historia con el canis lupus comienza desde que nací. 
Nací en Roma (los romanistas somos "lupacchiotti", lobitos hijos de Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma), provengo de una familia romana/polaca, pero crecí en un pueblo en el centro sur de Italia. Durante mi infancia en ese pueblo, a metros de mi casa en un terreno municipal, vivía una manada de perros semisalvajes cuyo alpha era mi perro Shultz (un mestizo de ovejero alemán). Cada 6 meses, la hembra alpha, Titta (una mestiza labrador negra), entraba en celo y venían perros de otros pueblos para enfrentarse unos a otros con el objetivo de ganar la cópula. Shultz terminaba siempre herido, pero siempre ganaba, logró mantener su status durante toda su vida.

 

Mi rutina era la siguiente: por la mañana iba a la escuela, volvía, almorzaba y por la tarde me iba a estar con los perros. Prácticamente vivía con ellos, los conocía a todos y siempre sacaba comida de mi casa para alimentarlos. Los cuidaba como podía ya que por mi corta edad no tenía recursos, y los perros iban cambiando, porque casi siempre terminaban siendo capturados y eutanasiados por la perrera municipal, o asesinados por algún campesino víctima de la caza de sus animales por parte de estos perros. Volver y darse cuenta de que faltaba uno o dos, quería decir que no lo habían logrado y que no iban a volver. En su mejor momento, llegó a ser una manada de 18 perros, pero no duró mucho. Las denuncias de los vecinos eran constantes, y en el campo no andan con muchas vueltas cuando se trata de proteger sus animales. 


CAP 1: ITALIA -EL ORIGEN-

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Gianeth Szpunar
Schultz

Hasta Shultz una vez fue atrapado por la perrera, en otra ocasión fue rozado por una bala y una noche volvió a casa con una herida muy grande y profunda en un flanco: lo habían acuchillado. Lo recuerdo muy bien, esa noche pensé que lo perdía, toda la familia tuvo mucho miedo, pero por suerte el veterinario llegó rápidamente a casa y lo salvó. 
Yo tenía 8 años, Shultz era un perro "de afuera", no lo dejaban estar en casa, pero su recuperación la tuvo que hacer puertas adentro y eso me puso feliz, porque a él le gustaba y además gracias a eso podía tenerlo más cerca mío. Si mi mamá llega a leer esto, se va a enterar recién ahora de que ¡él por las noches dormía en el sillón!

Después de dos semanas, ya estaba como nuevo, volviendo a las andanzas por el barrio y por los pueblos cercanos. Podría escribir muchas páginas sobre eso, pero lo voy a dejar para otra ocasión y concentrarme en terminar de explicar mi vínculo con los perros. 

 

En la manada, también ayudaba a Titta con sus cachorros, crías que lamentablemente casi nunca terminaban bien. Era una vida muy dura, con mucho sufrimiento, pero siempre me fascinó y disfruté ver a los cachorros crecer y jugar, me gustaba ayudar a su madre y a todos los perros que estaban heridos y/o hambrientos. Los observaba, pasaba horas y horas todos los días con ellos, jugábamos y nos mimábamos. Me sentía muy afortunada, porque no se dejaban acariciar por nadie, solo por mí, y solo yo conocía sus escondites ¡soñaba con ser Mowgli!

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Vista satelital de la zona donde vivía
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Finalmente en un momento nos organizamos con los vecinos y llevamos a castrar a Titta. Para ese entonces, la manada era muy pequeña: era ella, Schultz, un hijo de Titta, Junior, y Barboncino, un perrito tipo caniche.

Todo por primera vez era estable, la manada (salvo Schultz que vivía en mi casa) se había mudado frente al terreno municipal, en una plazoleta de un edificio, y con ayuda de los vecinos, los perros eran cuidados, alimentados y tenían una guarida "oficial". Se habían convertido en perros comunitarios.  

Un día una señora se mudó frente a la plazoleta, vio a Barboncino y se lo llevó a su casa. Pero él pertenecía a la manada, lloraba por volver y los otros perros también, y eso fue causa de conflicto.

Los nenes que jugábamos en el barrio y yo, empezamos además otros tipos de problemas con la señora, ya que a ella le molestaban los ruidos que hacíamos cuando jugábamos. Las peleas se volvieron diarias, defendíamos a los perros y a nosotros mismos de esta mujer que nos atacaba, se quejaba con nuestros padres, con los propietarios de las casas y departamentos donde ella y nosotros alquilábamos y con otros vecinos.  Hasta que... Titta y Junior fueron capturados por la perrera. 

No era la primera vez que sucedía, Titta ya había estado en ese lugar y la habíamos podido rescatar, fuimos varias veces a pedir por ella y su hijo, varios vecinos inclusive hicieron reclamos, pero esa vez, no hubo caso. Los de la perrera alegaron que eran perros con denuncias graves, y se quedaron con ellos. A la semana, Schultz dejó de comer y de levantarse. El veterinario lo medicó pero no tuvo un diagnóstico claro, y un día nos dejó. Yo tenía para ese entonces once años y toda una vida pasada a su lado. Fue realmente devastadora su partida. Un punto de inflexión de mi historia con los perros. 

CAP 2: EL VIAJE A ARGENTINA Y LA PRIMERA FASE, LA TESIS

Después de Schultz, no volvimos a tener perros en casa. En esa época, recuerdo haberme perdidamente enamorado de la raza West Highland White Terrier, me había obsesionado por las razas de perros, tenía varios libros de historia de razas y miraba durante horas y horas exposiciones caninas. Hasta había juntado el dinero para comprar un cachorro, mi sueño era tener uno de esos perros (había escogido una raza pequeña, para tener más chances de ser aceptado por mis padres) pero no hubo caso, mis padres no me permitieron tener otro perro, y menos uno de raza, y muchísimo menos uno comprado, para ellos eso era una mala palabra. 
 

En 1999 vinimos a la Argentina. Después de mucha insistencia por parte mía, adoptamos un perro maravilloso, el Dr. Argus. 

Vimos un cartel en una veterinaria en el barrio de Florida, cerca de la casa de mis abuelos. Era un perro blanco, el aviso decía "Pastor húngaro en adopción, tiene 7 meses, su dueña se fracturó la columna cayendo de la escalera y no puede cuidarlo". Fuimos a buscarlo una tarde-noche, a la casa de la empleada doméstica de la lesionada dueña. Mi papá entró a la casa mientras mi mamá, mi hermana y yo esperábamos en el auto. A los 2 minutos, apareció mi papá con un perro mediano, todo blanco de pelo largo. "Lo tenían en una jaula y me dijeron que no tenían para darle de comer" fue lo primero que nos dijo al entrar al coche. El cachorro estaba aterrado en los pies de mi mamá. 

Llegados a casa, el nuevo integrante se escondió bajo la mesa y se quedó ahí durante dos días, sin comer nada, rechazaba todo. Al tercer día, me levanté decidida a acariciarlo. Había tenido un sueño inspirador la noche anterior y estaba confiada. Me acerqué a él muy despacito, y le pude acariciar el cuello. Ese fue el comienzo de una estupenda amistad. 
Lo llamamos Argos, pero como un obsesivo por lamer las heridas de los demás, le pusimos Dr. Argus, alias "El Doctor". No era un pastor húngaro, pero a nosotros obviamente que no nos importaba. 

El Doctor estuvo conmigo en momentos muy difíciles. Al año de llegar a Argentina nos mudamos a CABA, al barrio de Colegiales, yo no conocía a nadie y todavía no sabía hablar castellano. Era una adolescente de 15 años, pueblerina italiana viviendo en una ciudad inmensa y extranjera, cuya lengua desconocía. Seis meses después de mudarnos mis padres anunciaban su divorcio, mi hermana decidió irse con mi papá, mi mamá trabajaba todo el día y yo me quedé sola con el Dr. Argus. Pero la vida no era tan mala, el Doctor y yo teníamos una rutina súper divertida: a la mañana nos íbamos a la plaza Mafalda, nos juntábamos con los paseadores y sus perros, yo no hablaba muy bien castellano, ahora me doy cuenta de que ese hecho que me causaba tanto dolor me obligó a escuchar a los demás. Escuchaba atentamente todas las anécdotas que me contaban los paseadores, uno de ellos era adiestrador de ovejeros alemanes, tenía un pastor belga groenendael que era su ayudante, y a veces nos deleitaba con alguna demostración. Nos hablaba de los torneos, de las prácticas y competencias caninas de las que participaba, yo no comprendía el 100% de lo que nos contaba, pero me fascinaba escucharlo. 
Al mediodía iba al colegio, y a la tarde-noche, volvíamos a ir a la plaza. Allí, nos encontrábamos con casi todos los mismos perros que a la mañana, pero acompañados por sus tutores. No puedo explicar lo distintos que eran con los dueños ¡se portaban súper mal! Me río al recordarlos, son tan vivos nuestros perros... Allí, volvía a escuchar todas las anécdotas de los perros, no hablábamos de otra cosa, y todos nos conocíamos como: "la mamá de Cullen, el papá de Milo, la mamá de...", seguramente a muchos les pasa lo mismo hoy en día. Somos "los papis de"... Yo era la única adolescente del grupo, todos me trataban con cariño y me cuidaban.
Una noche, el Dr. Argus estaba corriendo como siempre, jugando con otros perros, de la emoción olvidó los límites de la plaza y cruzó la calle. Los otros perros quedaron ahí al límite, él enseguida regresó, pero cuando lo hizo, un auto pasó y lo chocó. Un grito, los gritos desesperados de otros tutores, y yo que casi me desmayo al ver a mi compañero tirado en el suelo. Rápidamente, uno de los dueños, el papá de Luna, una siberian husky, lo levantó y me dijo "hay que buscar una veterinaria". Eran las 20, la cosa no iba a ser fácil y no lo fue. Me acompañó además una señora, nos íbamos turnando los tres para llevar al Dr Argus, que no era muy grande pero pesaba sus 30 kilos, con el a upa corrimos cuadras y cuadras, pero todas las veterinarias estaban cerradas, así que lo llevamos a casa. Ahí buscamos una veterinaria en la guía telefónica y lo llevamos con mis padres. Aprovecho para volver a agradecer a esa buena gente que me ayudó, espero lleguen a leer este relato. 

Finalmente, el choque no había causado lesiones internas pero había movido la cabeza del fémur del acetábulo, había que operar y el pronóstico que nos había dado la veterinaria no era alentador. La operación era difícil, ella no iba a hacerla, nos dio como única opción el hospital escuela de la facultad de ciencias veterinarias de la UBA, y allí lo llevamos al día siguiente. Lo recibieron de urgencia, pero para operarlo no contaban con turnos, y por desacuerdos de "adultos", nunca fue operado. Sin embargo, logró caminar bien al poco tiempo, y esa lesión nunca le causó problemas. Solamente cuando estaba muy cansado, a veces levantaba la patita trasera para correr, esa fue su única secuela. 

El Doctor nos acompañó durante casi 14 años, hasta que un cáncer le tomó todo el cuerpo y tuvimos que eutanasiarlo. Para ese entonces, yo tenía un hijo de él, Kiki. Un cachorro tremendo, muy cariñoso, que amé con locura. 
 

En 2007 me independicé de mis padres, y aproveché la ocasión para rescatar animales, pero compartía el departamento con alguien, y no podía dar rienda suelta a los rescates. Si bien vivía en plena ciudad y no había muchos animales para ayudar, pude rescatar a Antonio, un gatito negro que fue mi compañero durante muchos años. Ayudaba a los perros rescatados en parque Los Andes, en Chacarita, y era una "militante de el adoptá-no compres". Mis ideas se fanatizaron, y solo escuchar las palabras "criadero de perros" me daba escalofríos. 

En 2012 me fui a vivir sola, y fue mi pie para el rescate "a más no poder". Hasta llegué a rescatar un pichón de torcaza, y sí que dan trabajo los pichones, comen constantemente y son extremadamente delicados. Por suerte en la oficina donde trabaja en ese momento entendían mi necesidad y mi pasión por los animales, y me dejaban llevarlos y atenderlos allí, sino no hubiera sido posible, ya que los bebés, sean de la especie que sean, necesitan comer cada 3 horas mínimo, y en el caso de las aves, es mínimo cada una hora. Así que estoy muy acostumbrada a dormir con interrupciones. Al principio cuesta mucho, pero cuando hay pasión, es algo que se aprende a disfrutar. 

Gianeth Szpunar
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CAP 3 -LIBIA, EL COMIENZO DE RUPTURA CON LA TESIS Y GESTACIÓN DE LA ANTÍTESIS

La llegada de Libia representa un verdadero hito en mi relación con los perros. Ella marcó un comienzo de un periodo de transición que duró varios años en mi vida.

En el 2011 me llegó la propuesta de tener "en tenencia" a una cachorrona de raza Schnauzer miniatura sal y pimienta. Una señora la había comprado en un pet shop en la costa, luego se había dado de que no podía tenerla y se la había dado a una amiga, pero en ese momento esta se encontraba construyendo su casa en un barrio cerrado por lo que tampoco podía cuidarla. O sea, quería pero no podía hasta tener la casa lista para habitar. Necesitaba a alguien que la cuide, ella además tenía un macho de la misma raza con el que quería reproducir.

La historia y la manera de manejarse con la cachorra me parecía espantosa, habían hecho todo mal con ella desde el principio. No iba a especular sobre cómo nació ni en qué condiciones, porque era una cachorra inscripta, y por ahí (epero) que la hayan traído al mundo como debe ser, pero los datos que tenía eran más que suficientes como para dar una opinión negativa: desde exponerla en una vidriera como si fuera un par de zapatos, hasta adoptarla por impulso como si fuera un par de zapatos, deshacerse de ella, "buscar quien la banque" y después hacerle tener cría... No quería ser partícipe de todo eso. Pero ella claramente era la víctima de la historia, además mi pareja de ese momento había perdido una perrita de la misma raza hacía poco tiempo, y lo veía tan emocionado con la propuesta que terminé aceptando. Enseguida Libia llegó a casa, y para mi sorpresa, era simplemente maravillosa.

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Schnauzer

“Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve. Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor. Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas nada sabe acerca de las uvas.”
Paracelso.

Tener a Libia, me llevó a investigar la raza, y con ella a las demás razas, y luego a los criaderos, a las exposiciones caninas y a la Federación Cinológica Internacional. En esa época, vivía en San Cristóbal, en la calle Chile, a una pocas cuadras de la Federación Cinológica Argentina. Recuerdo que pasaba por ahí pensando que algún día iba a entrar a ese lugar, que iba a ser parte de él. Me daba muchísima curiosidad saber qué pasaba allí dentro y a la gente que estaba ahí, la veía muy parecida a mí, la veía como "perreros".

 

Al investigar diversos criaderos de todo tipo de raza, me di de que no se trataba de la gente mala que pintaban los proteccionistas. No era gente que vivía de los perros, ¡era gente que vivía PARA los perros! Leía, y cuanto  más leía, más me daba cuenta de que personas que sabían tanto sobre perros, no podían hacer otra cosa que amarlos con pasión. Sabían de etología, de genética, de adiestramiento, de anatomía, de historia, de salud veterinaria, sabían todo sobre los perros. Criar perros tenía un fin y un propósito claro, las razas tienen un fin y propósito claro. Y eso me recordó mi infancia, de cuando pasaba horas mirando exposiciones caninas, leyendo libros de cinología, soñando con tener un perro para trabajar con él. Pero en ese momento, ese sueño me parecía un imposible. Aún me encontraba cursando la carrera de ciencia política en la Universidad de Buenos Aires, había apenas conseguido un empleo en un proyecto estatal, sentía que camino estaba orientado hacia un lado irreconciliable con los perros. Pero lo más loco de la historia, es que al soñarme comprando y criando perros lo hacía con una raza en particular: el pastor blanco suizo. Un perro que jamás había tenido, pero del que me había enamorado un año antes de tener a Libia.

Una tarde de primavera del año 2010, estaba con mi papá y mi sobrino en el río de Vicente López. Mi sobrino estaba en los juegos y yo charlando con mi viejo, cuando de repente apareció un gran perro blanco, hermoso, el más hermoso ser que había visto en la faz de la tierra. Fue amor espontáneo, un auténtico flechazo de Cupido... en palabras de Cortázar, fue: "Un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio". Pareciera que estoy exagerando, pero no, de hecho quedé tan atónita que mi papá me preguntó qué me pasaba. 
-Mirá ese perro- le contesté- ¿de qué raza será?- 

-Mmmm... un husky- contestó él. 
-No- Esos perros son cuadrados y tienen la cabeza y el rabo distinto. Parece más bien un ovejero alemán
-¿Albino?- preguntó
-No parece albino, tiene el hocico negro- observé. 

 

Al llegar a casa, lo primero que hice fue buscar en internet lo que acababa de ver, y googleé "ovejero alemán blanco" ¡Si! ¡Era él!
Hermoso, divino, por dentro y por fuera, todo lo que quería de un perro, que me recordaba a mi buen Schultz

CAP 4 - ALBAKIARA- LA ANTÍTESIS

En 2015, tuve la oportunidad de mudarme a una casa grande, en el barrio de Villa Pueyrredón, CABA, y ese fue mi pie para empezar a concretar lo que durante tanto tiempo había soñado: tener un pastor blanco suizo y participar en exposiciones caninas. En ese momento no tenía decidido criar, pero quería tener una puerta abierta por si me decidía a hacerlo, así que primero adopté a Prócer, y unos meses después, a Isis. Al año, en el 2016, Prócer y yo cursamos en la escuela de adiestramiento de la Universidad de Buenos Aires, allí conocimos a Alan y a sus dogos. 

Él ya tenía una idea más clara de lo que quería hacer, y ya contaba con un plantel de cuatro hembras para lograrlo. Conocer a alguien que recién arrancaba, me mostró la tangibilidad del sueño que tenía, que se hacía cada vez más real. 

Contemporáneamente, tomé clases de handler con una reconocida jueza de la raza dogo argentino, pero lamentablemente por mi trabajo nunca pude presentar a Prócer a las exposiciones, los horarios y las fechas eran incompatibles con la oficina. 

En 2017, finalmente decidí tener la primer camada Albakiara de pastor blanco suizo. Isis y Prócer tuvieron bebés y fue una experiencia maravillosa. Esperaba que alguno de los cachorros fuera de pelo largo, pero no nació ninguno con esta característica (el pelo corto es dominante), por lo que al año siguiente repetimos la cruza y ahí sí, nació nuestro espectacular Be Brave del Albakiara (Polar). 

 

CAP 5 - FILOSOFÍA PARA CRIAR: LA SÍNTESIS 

No es casual el aprovechamiento de la dialéctica hegeliana para explicar mi relación con la especie cánida y mi decisión de criar. Según mi forma de ver las cosas, criar perros era un hecho inmoral, algo que aborrecía profundamente, para poder integrarme a esta actividad tuve que realmente abrir mi mente, fue un proceso largo, con idas y vueltas, de profundo análisis e introspección. La cría de perros para mi es algo sumamente importante, implica nada más y nada menos que una relación histórica entre dos especies, pero no cualquier relación, porque desde que existe la vida que las especies interactúan entre sí, sino que hablamos de una relación realmente única en la naturaleza: una relación de amistad. 


Todo este pensamiento, me llevó a desarrollar mi propia "Filosofía para criar".
Hace un tiempo, leí por ahí "No hay criaderos buenos o malos, todos son malos porque todos de una forma u otra, explotan a los perros".
 Esta aseveración tan tajante me llevó a analizar palabra por palabra, para poner en tela de juicio su veracidad. 
 ¿Qué es explotar?
Según la RAE, el término explotar se define como: 

 

1. tr. Extraer de las minas la riqueza que contienen.

2. tr. Sacar utilidad de un negocio o industria en provecho propio.

3. tr. Utilizar abusivamente en provecho propio el trabajo o las cualidades de otra persona.

 

La definición en este caso sería la 3, acerca del utilización abusiva del trabajo de otro. 
 

¿Qué es abusivo? Según la RAE: 
 

1. intr. Hacer uso excesivo , injusto o indebido de algo o de alguien .

Voy a analizar cada una de las posibilidades, para ver si hay una forma de criar que no sea abusiva.

1-uso excesivo: en caso de no respetar los tiempos de descanso de una perra, sí, el uso sería excesivo. Pero respetando los tiempos biológico para una perfecta recuperación física y permitiendo a la perra descansar, no lo es. En este punto me gustaría quedarme un poco, para aclarar el término de la palabra "uso", porque es algo que hace ruido. ¿Cómo puede alguien "usar" a un perro? Y bien, en realidad todos usamos a los perros. Desde el momento en que decidimos adoptar a ese lindo cachorrito, o a levantar ese perro que nos dio pena y quisimos ayudarlo ¿no lo estamos haciendo por nuestro bien? ¿no es acaso el amor incondicional que recibimos a cambio de cuidar de ellos lo que nos mueve? O sea, no es un intercambio monetario, mas un intercambio afectivo el que esperamos obtener. 

2-uso injusto. ¿Es justo que una perra tenga cría? Si tenemos en cuenta de que su propósito en cuanto a ser vivo, al igual que el de cualquier otro ser es el de REPRODUCIRSE, sí, es completamente justo y natural que lo haga. 

3-uso indebido. Indebido quiere decir que no es obligatorio, o que es ilícito. Bueno, ninguna de las dos definiciones cabe en la cría de perros. 
 

Siguiendo con la definición de "explotar", vamos por la parte más polémica: "en provecho propio" y que se conecta con la palabra "uso".

¿Qué tipo de provecho puede sacar un criador de sus perros?
Monetario es lo primero que se le ocurre a cualquier persona. Y bueno, déjenme decirles que NO es así. A menos que el criador sea un hábil comerciante (cosa que la mayoría no lo somos), la cría de perros rara vez deja ganancia, y si la hay, esta seguramente será invertida en perros (ya sea en infraestructura, alimentación, sanidad, juguetes, otro perro), o sea, el dinero nunca va para beneficio propio. Ojo, no digo que no haya criadores que realmente saquen un buen provecho de sus crías, porque los hay, pero son la gran minoría, son la excepción que hace la regla. 

Después, lo cierto es que no todas las crías son exitosas, hay veces que la perra reabsorbe los fetos, otras simplemente no queda preñada, a veces los cachorros no son viables y la peor de todas: a veces los cachorros enferman, y a veces mueren.

De esto se deduce que el mejor "comprador" para el criador, es otro criador. Un criador es muy consciente del tiempo, la energía y el dinero que implica la cría y selección de perros, por lo que al momento de comprar un perro, no escatima en gastos, pide para su plantel el mejor ejemplar, y sabe que eso tiene que tener un costo extra. Es lo que se puede llamar "invertir en sangre". Pero no todas las inversiones van a buen término, porque estamos hablando de seres vivos, y mil cosas pueden pasar hasta el día de reproducir al ejemplar incorporado (generalmente hay que esperar dos años, a menos que se adquiera un ejemplar adulto, que es mucho más costoso). 

Es mucha la inversión que hay que hacer para tener instalaciones adecuadas, así tanta inversión para mantener a todos los perros sanos, porque los perros, como las personas, envejecen, y cuando lo hacen, necesitan más cuidados y muchas veces medicamentos. 

A todo esto, hay que sumarle los costos de: médico veterinario para cuestiones de rutina (para los perros y los cachorros), insumos veterinarios, cursos, exposiciones, peluquería, traslados, cuidadores, estudios genéticos, estudios prenatales, si se hacen inseminaciones artificiales, si se importa el semen, si se importa un ejemplar, documentación, trámites, e imprevistos que puedan surgir.

Pero no hace falta ir tan en detalle en el mundillo de criadores, cualquier persona que sea tutor de un (1) solo perro, conoce los gastos monetarios que implica ¡imagínense lo que es cuidar de 10 o más!

Entonces ¿por qué cría la gente? La respuesta suena sencilla pero no lo es, porque realmente significa e involucra múltiples factores: el que cría lo hace por amor a los perros en general, y a una raza en particular.

El criador, es un amante empedernido de los perros. No se puede explicar de otra forma todo el sacrificio, la energía, el tiempo, el dinero y la dedicación que los criadores gastan en los perros que no sea por amor.  Ojo, los habrá mejores y peores, con mejor suerte o con peor (porque la suerte juega un papel importante, como en la vida y en cualquier profesión), mejor o peor acomodados económica y políticamente, con sentimientos más o menos sinceros, pero generalmente, todos son amantes de los perros. También entra ahí el modo que tiene cada uno de demostrar su amor, que tiene que ver con la capacidad y personalidad de cada uno, es por eso que no se nos puede juzgar a todos con la misma vara. 

Amando a todos los perros, el criador se apasiona por un (o algunos, por qué no) tipo de perro en particular. ¿O acaso no tenemos en nuestro historial de vida, una mascota que ocupa más lugar en nuestro corazón? ¿Esa a la que solamente "le faltaba hablar"?

Bueno, con los perros de raza nos pasa que esa mascota maravillosa que cambió nuestras vidas, puede "volver", y no sólo eso, sino que puede "mejorar", gracias a una labor genética. 

Para fundamentar mi posición frente a la "manipulación genética", que el hombre, en este caso el criador, ejerce sobre los perros a través de cruzas estudiadas (analizamos antepasados y parientes colaterales, y si los hay, que es lo mejor, la progenie, o sea los hijos y nietos), voy a remitirme nada más y nada menos al perro en cuanto especie, al "canis lupus familiaris". 

El perro es nada más y nada menos que el primer animal que fue domesticado, pero eso no es todo: es considerado una SUBESPECIE del lobo, del canis lupus, o sea que nuestro mejor amigo puede considerarse simplemente como un lobo domesticado por muchas generaciones. La ciencia lo demuestra: las (sub)-especies canina y lupina, completamente inter-fértiles, son muy próximas genéticamente, y no difieren más que en un 0,2% de su ADN mitocondrial frente a un 0,4% en comparación con otros cánidos (chacales, coyotes, zorros, etc.)

Los orígenes del perro son aún inciertos. La evidencia fósil más remota encontrada hasta ahora nos lleva a 31.700 años a.C., mientras que los datos de genética mitocondrial, según algunos autores, nos hablan de unos 100.000 años (en ese caso, coincidiría con la aparición del Homo Sapiens). Lo curioso en este punto son las distintas teorías de cómo se fue creando este vínculo humano-perro, cuyos testimonios más tempranos anteriores al período neolítico. 
Según la paleontóloga belga Mietje Germonpré, la domesticación del perro comenzó cuando los hombres empezaron a quedarse con lobeznos que habrían quedado huérfanos por causa de ellos (asesinando las madres lobas). De ahí, los lobos más dóciles fueron retenidos y criados, y así por generaciones hasta llegar al perro que conocemos hoy en día. 
Según otra teoría, fueron los mismos lobos quienes se acercaron al ser humano para alimentarse de las sobras de su comida. 

Son dos comienzos diferentes donde sin embargo, podemos encontrar un elemento en común que todos afirman: el ser humano empezó a seleccionar los ejemplares cuyas características más concordaban con la vida del hombre, empezando por los más dóciles, siguiendo por los más hábiles en cacería. Dicho en otras palabras, antes de ser agricultor, el hombre ya era criador de perros. 

Somos criadores desde hace más de 30 mil años. Lo llevamos en nuestros genes, en nuestra memoria evolutiva, y gracias a esta actividad tenemos al mejor amigo que podemos encontrar en todo el reino natural. Esta es la base de mi "Filosofía para criar", teoría que aún se encuentra en sus albores, pero que iré construyendo, profundizando y perfeccionando. 

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